La siesta: un descanso valioso también contra la presión arterial alta
En los últimos años se ha debatido si la siesta influye de forma positiva o negativa en la presión arterial. Al principio se atribuyó a la cabezadita un efecto beneficioso, pero después se refutó. Sin embargo, investigaciones más recientes vuelven a respaldar la siesta corta del mediodía.
Las personas con hipertensión pueden tomar ejemplo, como muestra un estudio del Asklepieion General Hospital en Voula. Los investigadores griegos analizaron a 212 personas con valores de presión arterial normal-alta. La edad media de los participantes era de 62 años. Parte de las personas estudiadas dormía la siesta regularmente, mientras que el segundo grupo organizaba su día sin esa pausa de descanso al mediodía. La siesta del primer grupo duraba entre 48 y 54 minutos.
En comparación cayeron de forma significativa los valores de la presión arterial sistólica de los participantes que hacían la siesta. Mientras que la presión arterial de quienes no dormían la siesta permaneció, como era de esperar, sin cambios, la cifra superior de los que sí la hacían bajó entre 3 y 5 mmHg. Eso equivale aproximadamente a la reducción que se puede lograr evitando el alcohol o con una dieta baja en sal. También se observó una relación entre la duración de la siesta y la bajada de la presión: por cada 60 minutos de siesta, el promedio de presión arterial en 24 horas descendió 3 mmHg.
Con presión arterial elevada ya se pueden esperar efectos positivos sobre el riesgo de padecer enfermedades cardiovasculares con reducciones de apenas 2 mmHg.
Por cierto, la siesta tiene, por ejemplo en Japón, un valor totalmente distinto al que tiene aquí. Allí es perfectamente normal echarse una cabezadita en público. En Estados Unidos muchas empresas disponen de salas de descanso con sillones reclinables para el power nap -la pequeña siesta ocasional-. Pero también en Alemania la siesta va perdiendo (lamentablemente, solo poco a poco) su imagen como signo de poca diligencia para convertirse en una minipausa que aporta energía y permite seguir trabajando, descansado y con fuerzas renovadas. Esta rehabilitación es, en cualquier caso, deseable también para combatir la hipertensión y sus enfermedades derivadas.
Sin embargo, si la siesta se convierte en una obligación o se queda dormido involuntariamente con frecuencia durante el día y apenas puede desenvolverse sin esas breves siestas, la causa podría ser un trastorno del sueño nocturno. Esto debe tomarse en serio y ser evaluado por un médico, ya que los trastornos del sueño pueden, a su vez, afectar negativamente a la presión arterial.
Fuentes:
Este artículo es de Tensana – la aplicación líder desde 2011, que ayuda cada día a cientos de miles de personas a controlar su presión arterial.
Nuestros contenidos se basan en datos cuidadosamente investigados y fundamentados en la evidencia, y se actualizan de forma continua (última revisión: 12/2025).
La autora Sabine Croci es auxiliar médica titulada y cuenta con muchos años de experiencia en consultas de medicina interna y cardiología, así como en atención ambulatoria. Desde 2015 dirige la redacción especializada de Tensana. Gracias a sus amplias cualificaciones adicionales como técnica en emergencias sanitarias, primera interviniente y en distintas áreas terapéuticas y de urgencias, ofrece información rigurosa, práctica y verificada de manera fiable.
La autora Sabine Croci es auxiliar médica titulada y cuenta con muchos años de experiencia en consultas de medicina interna y cardiología, así como en atención ambulatoria. Desde 2015 dirige la redacción especializada de Tensana. Gracias a sus amplias cualificaciones adicionales como técnica en emergencias sanitarias, primera interviniente y en distintas áreas terapéuticas y de urgencias, ofrece información rigurosa, práctica y verificada de manera fiable.

