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Presión arterial y frío

Con temperaturas invernales frías, los valores de la presión arterial pueden aumentar. También aumenta el riesgo de episodios de angina de pecho, que incluso pueden desencadenar un infarto. Así lo indica, entre otros, la Fundación Alemana del Corazón, que advierte especialmente a las personas que ya padecen una enfermedad cardíaca de no esforzarse en exceso con el frío.

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La razón es que, con el frío, los vasos sanguíneos de la piel y de otras zonas del cuerpo se contraen y reducen su calibre. Esto puede aplicarse también a las arterias coronarias, lo que perjudica el suministro de oxígeno al corazón.

Al estrecharse los vasos, el corazón tiene que bombear contra una mayor resistencia, lo que eleva la presión arterial. Esto puede ser especialmente peligroso por la mañana y a primeras horas del día, cuando el cuerpo pasa del modo nocturno al diurno y los valores de la presión suelen estar ya de por sí más altos.

Las temperaturas extremadamente frías estresan el organismo, que responde con una liberación aumentada de hormonas del estrés, lo que a su vez eleva la presión arterial y el pulso.

A las personas con una enfermedad cardíaca o hipertensión se les recomienda, por tanto, tomar primero los medicamentos prescritos y salir a la calle solo después. Conviene llevar ropa abrigada para minimizar la pérdida de calor. Una bufanda delante de la boca ayuda a calentar el aire que se inhala.

A las personas que en invierno tienen la presión más alta también se les aconseja probar a subir un poco la temperatura interior. Es recomendable revisar la alimentación en invierno. Con frecuencia, en esta época se tiende a comer más grasas y de forma menos saludable. Cambiar a una dieta más sana, con más frutas y verduras y menos sal, puede ayudar a mejorar la situación de la presión arterial.

Paseo invernal
Como el aire de la calefacción reseca aún más el cuerpo y, como consecuencia, puede espesar la sangre, hay que asegurarse de beber suficiente líquido.

También se recomienda hacer ejercicio moderado. Por ejemplo, dar paseos. Caminar bien abrigado, sin esfuerzo y quizá incluso bajo el sol por el paisaje invernal libera hormonas de la felicidad, que a su vez también benefician al corazón.

Si, por las condiciones meteorológicas, prefiere no salir de casa, también puede mantenerse activo en el hogar, por ejemplo con ejercicios de gimnasia o pedaleando en una bicicleta estática.

Si sus valores de presión arterial siguen siendo elevados a pesar de todos sus esfuerzos, hable de ello con su médico.

Fuentes:



Este artículo es de Tensana – la aplicación líder desde 2011, que ayuda cada día a cientos de miles de personas a controlar su presión arterial. Nuestros contenidos se basan en datos cuidadosamente investigados y fundamentados en la evidencia, y se actualizan de forma continua (última revisión: 01/2026).

La autora Sabine Croci es auxiliar médica titulada y cuenta con muchos años de experiencia en consultas de medicina interna y cardiología, así como en atención ambulatoria. Desde 2015 dirige la redacción especializada de Tensana. Gracias a sus amplias cualificaciones adicionales como técnica en emergencias sanitarias, primera interviniente y en distintas áreas terapéuticas y de urgencias, ofrece información rigurosa, práctica y verificada de manera fiable.


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