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¿Puede el alcohol causar hipertensión?

¿Qué efecto tiene el alcohol sobre la presión arterial?

La relación entre la presión arterial y el alcohol puede resultar confusa. Por un lado, el alcohol dilata los vasos sanguíneos, algo que se aprecia, por ejemplo, en el enrojecimiento frecuente del rostro tras consumir bebidas alcohólicas. Uno podría pensar que la dilatación de los vasos suele reducir la presión arterial, y no estaría totalmente equivocado. Los vasos dilatados por sí solos hacen que la presión baje; eso es correcto. Sin embargo, la vasodilatación provocada por el alcohol solo dura poco tiempo. Además, al metabolizarse cantidades mayores de alcohol, en el organismo actúan varios mecanismos que provocan el estrechamiento de los vasos. Por ejemplo, el aumento de la actividad del sistema simpático debido al alcohol lleva a una mayor liberación de hormonas que elevan la presión arterial. Estas hormonas provocan, además de un aumento de la frecuencia cardíaca, el estrechamiento de los vasos, por lo que la presión arterial sube. Esto se agrava cuando se consume alcohol para reducir el estrés o si, como ocurre con frecuencia, se fuma al mismo tiempo.

Muchas calorías y órganos dañados

Alcoh¾lico con hipertensi¾n
En segundo lugar, el alcohol resulta perjudicial por el aporte extra de calorías, ya que muchas calorías suelen provocar sobrepeso. Y esto con frecuencia va acompañado de hipertensión.
Otra relación surge por el efecto dañino del alcohol sobre los órganos. El daño orgánico por un consumo regular o excesivo de bebidas espirituosas puede, a su vez, provocar valores elevados de presión arterial.

Por último, el efecto directo sobre la presión arterial también depende de la situación. El alcohol, al igual que otras sustancias embriagantes, puede intensificar el estado emocional del consumidor. Una copa de cerveza o de vino tomada en un ambiente relajado eleva menos la presión arterial que la misma cantidad de alcohol consumida en un estado de ánimo tenso y agresivo.

¿Existe una cantidad de alcohol segura?

En esta cuestión hay opiniones divididas, porque los resultados de los estudios no son uniformes. Lo que sí está claro es que un consumo regular y/o elevado de alcohol perjudica al organismo. Estudios más recientes concluyen, en su mayoría, que lo mejor es evitar el alcohol o, al menos, reducirlo mucho.
Ese es, en definitiva, el resumen general. Sin embargo, se sabe que para muchas personas es difícil renunciar por completo al alcohol, también por razones sociales. Por eso las recomendaciones son: para los hombres, no más de 30 g de alcohol al día, lo que equivale aproximadamente a un cuarto de litro de vino o medio litro de cerveza. Para las mujeres, este límite es algo más bajo: 20 g de alcohol al día. No obstante, según los estudios, incluso estas cantidades ya afectan a la presión arterial. Sin embargo, el consumo regular de alcohol, especialmente si es excesivo, hace que la presión arterial aumente.
Por lo tanto, conviene limitar el consumo de alcohol, y no solo por el bien de la presión arterial.

Un estudio estadounidense mostró, sin embargo, una relación entre la hipertensión y un consumo moderado de 7 a 13 bebidas alcohólicas por semana. En comparación con las personas que no consumen alcohol, en este grupo ya se observó un riesgo un 50 % mayor de desarrollar hipertensión.

En 2023 se publicó un metaanálisis de siete estudios a largo plazo sobre la relación entre el consumo de alcohol y el aumento de la presión arterial sistólica y diastólica. Este muestra que no existe un umbral seguro, sino que cualquier consumo de alcohol perjudica la presión arterial. Según los resultados de este análisis, no hay una cantidad de alcohol inocua. El efecto que eleva la presión arterial comienza con el primer vaso y aumenta de forma lineal con la cantidad de bebidas alcohólicas consumidas.

Esto lo confirma también un estudio japonés publicado en octubre de 2025. Para este estudio se analizaron datos de 58.943 adultos que participaron en 359.717 exámenes de salud anuales entre 2012 y 2024. Cuando dejaron de beber alcohol, su presión arterial bajó. Cuanto más habían bebido antes, mayor fue la disminución de la presión arterial después de dejar el consumo por completo. Al contrario, se observó que en personas que hasta entonces habían sido abstinentes y empezaron a beber alcohol, la presión arterial aumentó. La conclusión de este estudio también es: el consumo de alcohol debería reducirse y, si es posible, eliminarse por completo. 

¿Influyen factores culturales?

 El subanálisis de un estudio español, cuyo objetivo original era detectar el consumo de vino independientemente de la cantidad declarada por los participantes, aportó indicios de un posible efecto protector en circunstancias muy concretas. Los participantes eran personas mayores del área mediterránea que presentaban de forma general un alto riesgo cardiovascular. En el análisis de los datos se observó un posible efecto protector si estas personas bebían hasta 35 copas de vino de 100 ml (es decir, hasta 3,5 l) al mes. Con consumos mayores se pierde ese posible efecto protector. Además se advierte que este efecto puede no ser aplicable a otras poblaciones y se refiere explícitamente solo al consumo de vino en esta cohorte específica.

Precaución al tomar medicamentos

En relación con los medicamentos, el consumo de alcohol con frecuencia aumenta el riesgo de efectos secundarios. Además, puede aumentar o disminuir la eficacia del fármaco. Esto no solo se refiere a la situación de tomar comprimidos con alcohol, sino también al consumo de alcohol durante el periodo en que se están tomando medicamentos.

Fuentes:



Este artículo es de Tensana – la aplicación líder desde 2011, que ayuda cada día a cientos de miles de personas a controlar su presión arterial. Nuestros contenidos se basan en datos cuidadosamente investigados y fundamentados en la evidencia, y se actualizan de forma continua (última revisión: 12/2025).

La autora Sabine Croci es auxiliar médica titulada y cuenta con muchos años de experiencia en consultas de medicina interna y cardiología, así como en atención ambulatoria. Desde 2015 dirige la redacción especializada de Tensana. Gracias a sus amplias cualificaciones adicionales como técnica en emergencias sanitarias, primera interviniente y en distintas áreas terapéuticas y de urgencias, ofrece información rigurosa, práctica y verificada de manera fiable.


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